Página 12 / espectáculos

Miércoles, 5 de septiembre de 2007

DOCUMENTAL “ERNESTO CARDENAL. SOLENTINAME”

De la contemplación a la revolución

CINE › MODESTO LOPEZ HABLA DE SU DOCUMENTAL “ERNESTO CARDENAL. SOLENTINAME”

El film que podrá verse a partir de hoy en tres sedes refleja la historia de Cardenal, que fundó una comunidad religiosa y terminó participando en el movimiento que volteó a Somoza

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“Cardenal entendió que el creyente debe luchar para que el ser humano viva mejor y no peor.”

Por Oscar Ranzani

Nacido en 1925, Ernesto Cardenal mantiene la energía intacta a los 82 años. Oriundo del pueblo nicaragüense de Granada y autor de epigramas políticos durante la dictadura de Anastasio Somoza –algunos de los cuales fueron publicados por Pablo Neruda en La Gaceta de Chile como “Anónimo Nicaragüense”–, Cardenal es conocido tanto por su extensa obra poética como por su pensamiento político. El año que marcó su vida en un antes y un después fue 1956, cuando resolvió ser monje. Un año más tarde ingresó al Monasterio Trapense de Gethsemani, en Kentucky (Estados Unidos), donde su maestro y guía espiritual fue el monje trapense norteamericano Thomas Merton, quien lo inició en el camino de Dios pero también en un pensamiento más terrenal: Merton fue quien le indicó a Cardenal que el mundo contemplativo no podía ser ajeno a los problemas sociales y políticos, y menos en un país donde había dictadura como Nicaragua. Esas palabras se hicieron carne en Cardenal, quien el 6 de febrero de 1966 fundó junto a William Agudelo una comunidad contemplativa en la isla de Solentiname, Nicaragua. Desde entonces, los campesinos de Solentiname, después de crearse una escuela artística, terminaron siendo pintores, artesanos, poetas y... revolucionarios. La labor de concientización de Cardenal en estas personas fue a base del Evangelio, interpretado desde su mirada revolucionaria. La comunidad de Solentiname se transformó poco a poco en un movimiento revolucionario y muchos de sus integrantes participaron en la lucha contra la dictadura, derrotada en 1979 por el pueblo de Nicaragua, encabezado por los sandinistas.

Si hay algo, entonces, que distingue al pensamiento de Cardenal es la relación entre la fe religiosa y el compromiso político. Posando la mirada en su figura pero también en esa histórica experiencia cultural y comunitaria, el cineasta Modesto López realizó el documental Ernesto Cardenal. Solentiname, que podrá verse hoy a las 19 en el C. C. Borges (Viamonte y San Martín), el lunes 10 a las 18.30 en la sede de la Enerc (Moreno 1199) y el 18 de septiembre a las 19 en la Biblioteca del Congreso (Hipólito Yrigoyen 1750). López nació en Lugo, España, fue criado en Argentina desde los cinco años, donde vivió 28 años y otros tantos en México, donde reside. Es el director de Ediciones Pentagrama, una empresa independiente que editó más de 600 discos de músicos latinoamericanos y que produce documentales sobre poetas y músicos de la región. López destaca que la idea del documental “fue ir en búsqueda de qué había pasado con la gente de la comunidad de Solentiname y tratar de encontrarme con ese Ernesto y con todos estos campesinos y pescadores y hacer un recuento al día de hoy después de tantos años, si sirvió o no, y si sirvió qué continuaba de esto”.

–Una de las características del documental es que no se centra tanto en la poesía de Cardenal sino más bien en su obra cultural y comunitaria en Solentiname. ¿Cómo analiza aquella experiencia?

–Yo quería ir a la búsqueda de eso porque uno que no es creyente y que es un ateo permanente “gracias a Dios”, como dice un amigo, sentía importante conocer por dentro el pensamiento de este hombre que abandonó todo a los 32 o 33 años, que se introdujo a la Orden Trapense y tuvo la posibilidad de conocer a ese gran hombre que fue Thomas Merton, un personaje importantísimo en lo que es la ideología religiosa y prácticamente borrado de la historia, o que lo intentan borrar. Entonces, la poesía de Cardenal es más conocida, pero todo lo que pasa detrás de ese hombre que escribe lo que escribe y dice lo que dice fue lo que me llamó la atención.

–Otra de las características del documental es que si bien al inicio Ernesto Cardenal es el protagonista, a medida que avanza cobran relevancia también los personajes de Solentiname. ¿Por qué lo pensó de esta manera?

–Porque entendía que lo importante no es el individuo que hace la obra. Muchas veces hablamos de Zapata, hablamos de Villa. Pero a mí siempre me interesaron los personajes que rodean eso y que sostienen que ese hombre sea posible. O sea, me importa mucho cómo se transmite la obra y cómo hay otros personajes que empiezan a caminar por sí solos.

–Sobre todo en este caso que fue una obra comunitaria.

–Exactamente. Para mí es una maravilla lo que ahí ocurrió y sigue ocurriendo en los jóvenes.

–¿Qué grado de participación tuvieron los artistas revolucionarios formados en Solentiname por Cardenal en el derrocamiento de la dictadura de Somoza?

–Varios de ellos ofrendaron su vida, se entregaron decisivamente y fue un despertar importante, porque ese descubrimiento de que había que cambiar la sociedad se dio a través del arte: la pintura, la poesía, la artesanía. En el documental se ve a uno de los que quedó con vida, Bosco, que fue un combatiente y además oficial. Jugó un papel importantísimo al punto tal de que fue comandante militar después de que derrotaron a Somoza, en la zona del Río San Juan.

–¿Cómo se establece la relación entre la comunidad de Solentiname y el Frente Sandinista de Liberación Nacional?

–El que entró en contacto en aquel momento es Cardenal, que conoció a un hombre que fue muerto y que para él era el hombre más importante que tenía el Frente Sandinista, y que se llamaba Marcos.

–Cuando Cardenal creó la comunidad de artistas, ¿lo hizo con el fin de que participasen de una gesta revolucionaria?

–Para nada, ni idea tenía. El lo hizo como una comunidad contemplativa, siguiendo los preceptos religiosos. No se planteó eso. Lo que sí se planteó es que esa comunidad que está olvidada, que no tiene médicos y cuyos habitantes están jodidos, tiene que vivir mejor. Eso se lo planteó con Thomas Merton y discutió, inclusive, separarse de la Orden Trapense que, como él mismo dice en el documental, es medio de derecha. El ya tenía una postura de que tenía que hacer un trabajo más cerca de la realidad que de Dios. O que para acercarse a Dios hay que ver la realidad y trabajar con lo que pasa.

–¿Y cuándo fue el momento en que se produjo el cambio de idea, de una comunidad contemplativa a un movimiento revolucionario?

–Cardenal empezó a leer el Evangelio y empezaron a discutirse otros conceptos, otras lecturas. El ya tenía una idea. A él también le influyó mucho algo que en el documental no aparece: cuando Cardenal estuvo en Colombia tomó contacto con cierta gente cercana a Camilo Torres, el cura guerrillero. Y en Colombia empezó a golpearse mucho con la realidad. También yo creo que le golpeó mucho cuando Merton lo empezó a acercar más a la realidad indígena de América latina. Esa simbiosis que se da, donde Thomas empieza a ser el maestro del discípulo Cardenal y que terminan siendo una mezcla casi de alumno-maestro y alumno-maestro. De alguna manera, Thomas Merton vio en Ernesto el brazo ejecutor de lo que él consideraba que se debía hacer. Y el que lo ejecuta es Ernesto.

–Después convierte a la comunidad en un movimiento revolucionario.

–Cuando el Frente Sandinista entró en contacto con él. Previamente no tenía partido ni nada. Era un tipo que tenía un plan de hacer una comunidad contemplativa que ayudara a esos tipos jodidos a ser otros.

–¿Cómo funcionó en Cardenal la sumisión que, a veces, supone la doctrina cristiana, con su espíritu rebelde?

–El fue interpretando a su manera lo que es el pensamiento religioso. Empezó a valorar otras cosas que normalmente la Iglesia tradicional no valora. Entonces, eso es una parte importante de su lectura, que es la misma lectura que Thomas Merton cuando era su maestro de novicio empezó a conversar, a discutir con él lo que debe ser la fe religiosa. Entonces, a él no le costó mucho entender que Dios debe estar con los humildes y no con los poderosos, que el creyente religioso debe luchar para que el ser humano viva mejor y no peor. No le costó entender que la fe religiosa está ligada íntimamente con los mejores pensamientos del ser humano para cambiar esta sociedad. Entonces, él integró eso al movimiento revolucionario.


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