LA NACIÓN .com - 21/10/2006



Rincón gaucho

Memorias de un cura rural

Sábado 21 de octubre de 2006 | Publicado en edición impresa 

Este agudo observador de la naturaleza, que pasa del silencio a la contemplación y a la escritura, transmite impresiones de su aprendizaje constanteHace cuarenta años yo terminaba mis estudios de Teología en Chile. Y ya ordenado de diácono, regresaba a mi monasterio de Los Toldos para reincorporarme plenamente a la vida y a los trabajos de la comunidad.

Nuestro monasterio es plenamente rural, y para esos años estaba empeñado en ser un establecimiento modelo en cuanto empresa agropecuaria. Fuimos cofundadores del grupo CREA Junín-Los Toldos, uno de los primeros imitadores de lo que hacía poco don Paul Hary había creado en Henderson-Daireaux. Y además, sobre 700 hectáreas, de las cuales sólo unas 400 eran realmente laborables, se decidió instalar un tambo con quesería y un criadero de cerdos, que, con más de 1000 animales, abarcaba desde la parición hasta el envío a frigorífico. Con esto se lograba dar trabajo a una treintena de personas, la mayor parte de las cuales provenía de la vecina Tribu de Coliqueo.

Recién salido del cascarón de mis estudios, con 24 años y con mi albúmina teológica aún sin secar, me destinaron a ser el responsable de la empresa rural del monasterio.

Yo nací y me crié en el campo del norte santafecino, en la ceja misma donde terminaban las chacras gringas y comenzaba el obraje quebrachero. Pero desde los diez años, en que ingresé en el seminario del monasterio, todo mi tiempo había tenido que dedicarlo a los estudios. Primero terminando mi primaria en la escuela agrícola benedictina del lugar. Después, rindiendo exámenes libres en Los Toldos para aprobar los tres años del ciclo básico, y finalmente cursando los dos años de magisterio con los Hermanos Maristas en Luján. Vendrían luego un año de noviciado monástico, más dos de filosofía en mi monasterio y finalmente los cuatro de teología en otro monasterio en las afueras de Santiago de Chile. Hoy, el barrio Las Condes es una de las urbanizaciones más paquetas de la capital chilena. Pero en los años 62-65 todo aquello era "cerro pelao" que había que trabajar a chuzo y rozón para librarlo de piedras, espinos y zarzamoras.

Geografías

Mi corazón estaba sí aquerenciado con la tierra y con las cosas de campo. Pero mi mente había sido desterrada desde niño a otra geografía: la de los dogmas, la de las certezas filosóficas. Y de allá tuve que volver para dedicarme a las tareas rurales sin dejar por ello de ser monje. Y constaté que la peregrinación más larga que nos toca a los humanos es la que va de la mente al corazón, y de éste a la mente. Tiene apenas cuarenta centímetros de largo, pero es una distancia enorme por recorrer. Tuve que ser simultáneamente responsable de la organización y marcha de la empresa rural y a la vez discípulo de capataces, peones e ingenieros. Cada uno de ellos fue mi maestro en alguno de los rubros en los que tendría que decidir. Tuve que aprender hasta el nombre de máquinas modernas que no conocía. Retener las cualidades y proporciones de pastos en una pradera consociada. Saber calcular los tiempos de siembras y conocer las mejores semillas en cada caso.

Se dice que la casualidad es la suerte de los tontos. Y yo tuve buenos padrinos. Caí en el momento justo y en el lugar preciso. Las reuniones CREA que teníamos cada mes fueron una excelente escuela para abrir horizontes y aportar ideas: allí tuve de colegas jóvenes a Catonio Guerrico y a Ernesto Pereda, y entre los maestros de experiencia a don Enrique Díaz, Juan Auzmendi, los Donovan, Hernán Copello y los hermanos Larrañaga. Don Cancio Anacleto Rubén Martínez, el capataz entrerriano de nuestro establecimiento, suplía ampliamente mis ignorancias, y sobre todo fue un excelente lazo de contacto entre la gerencia y los trabajadores. El ingeniero agrónomo Marcelo Bordas fue un verdadero amigo, paciente y con capacidad de transmitir. Y hasta hice el curso para empresarios rurales que se dictó durante un año en Nueve de Julio.

Simultáneamente estaba mi relación casi fraterna con los hijos de las familias de chacareros vecinos, con los que nos reuníamos cada semana, ya que fui responsable del grupo juvenil. En este grupo estaban también integrados los numerosos peones que trabajaban en el monasterio.

Finalizando ya el primero de los dos años en que estuve de administrador de la empresa rural del monasterio, fui ordenado sacerdote por monseñor Antonio Quarracino, entonces obispo de nuestra diócesis de Nueve de Julio. Los peones, mis compañeros de trabajo, hicieron una colecta entre ellos y me regalaron con ese motivo ¡una guitarra!Memorias de un cura rural El autor es monje benedictino y vive desde los diez años en un monasterio cercano a la ciudad de Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Como escritor de cuentos y poesía lleva editados más de 35 títulos. Entre ellos: Cuentos matizados, Cuentos rodados, Salmos criollos, La sal de la tierra, Nuestra tierra y nuestra fe, Las abejas de la tapera, Madera verde y Humorterapia: cura con cuentos. Menapace ha cultivado una entrañable amistad con René Favaloro y con don Luis Landriscina, con quienes compartió y comparte una especial sensibilidad por el mundo rural. Esta nota inicia una serie, a modo de cuaderno de bitácora.

Por Mamerto Menapace
Para LA NACION

Desde el mangrullo

"Entre los bichos y entre las personas hay quienes tienen la misión de ver antes y de ser responsables de la vida de los demás, que se confían en ellos. Es una doble misión: la de ser contemplativos y la de estar comprometidos plenamente. Igual que el chajá, responsable de dar el alerta a todo el bicherío lagunero frente al peligro o la intrusión de un extraño. Y para ello no dispone más que del grito [...] Desde su soledad aceptada como encargo está totalmente integrado a la vida de los demás. Ocupa un puesto de avanzada y sin embargo no tendrá que comprometerse en las acciones inmediatas de la lucha, que podrían distraerlo. Desde la frontera, está solo frente a Dios, en el corazón de la historia que vive su pueblo." (Fragmento de "El mangrullero", extraído de Madera verde ).



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