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Hamlet Lima Quintana
 

Hamlet Lima Quintana nació el 15 de septiembre de 1923 en Morón, en el oeste del Gran Buenos Aires cuando todavía era una aldea provinciana, y aprendió a caminar en Saladillo, localidad de la pampa húmeda, donde pasaba largo tiempo, por lo que puede llamarse un verdadero hombre y poeta de la llanura, como él mismo se define. Esto puede apreciarse con claridad en toda su obra tanto en el estilo como en el contenido. En Saladillo, donde pasaba de cuatro a cinco meses al año comienza a conocer la música de ranchos y boliches y así se integra la formación intelectual con la cultura popular, en ranchos con piso de tierra, donde aprenderá estilos y rancheras. Desde sus primeros años la poesía y la música estuvieron ligadas a su vida cotidiana. Su padre escribía poesía, tocaba la guitarra; y el piano, al igual que su madre. Él mismo dice en el Cancionero quiénes fueron las personalidades que influyeron en su formación: su padre Romeo Ventura Lima, de clara raigambre en San Antonio de Areco y su madre, Lelia Carmen Quintana que le entregó todo su ancestro tribal. Reconoce como maestros de pata en el suelo a todos los familiares Coronel de Saladillo que le enseñaron a montar a caballo, arrear el ganado, cosechar el maíz y el girasol, como a tocar la guitarra, amar los cuentos de fogón y las creencias populares, pero sobre todo a amar la vida.
Autor de una de las páginas más importantes de nuestra literatura, es uno de los máximos referentes poéticos del folklore argentino. Música y poesía fueron desde la infancia elementos formativos que desarrolló en forma permanente, actuando en peñas, boliches, clubes, mientras se ganaba la vida como oficinista, cobrador de cuentas de electricidad, vendedor de libros a domicilio y periodista, oficio al que renunció tras haberse desempeñado como corresponsal en la Agencia United Press y en la sección Política de Clarín, para consagrarse íntegramente a lo suyo: escribir, cantar, recitar al servicio de la música popular y el canto con fundamento. En 1954 apareció su primer libro de poemas, Mundo en el rostro, al que siguieron El Octavo Pájaro (1961), Pampamapa, en la huella del Sur (1962), La Isla (1964), La armonía de los cuerpos (1968), Edad del asombro (1969), Los juegos (1969), Taller del resentido y La muerte y los presagios (1970), Cuentos para no morir (1972), Documento de Identidad e Informe de pájaros (1976), En distintas formas (1981), Sinfonía de la llanura (1983), Los estafados (1984), Situación personal (1984), Milongueada por Pedro Coronel en Saladillo (1987), El oficio común (1989), Osvaldo Pugliese, biografía (1990), Callvucurá y su elogio de la tribu (1991), Breve historia de otro mundo (1992), Declaración de bienes (antología, 1993), Los referentes (1994), En el fondo del horizonte (1995), El perfeccionista (1997), La breve palabra (1998), Las memorias y Diario del Regreso (1999), Las otras casuarinas (2000), Antolobiografía (2002) y Los ángeles de la tierra (edición póstuma, 2003).
Es autor de más de 400 canciones con la colaboración de destacados compositores, sus míticas La amanecida (1961) y Zamba para no morir (1965) marcaron una postura distinta frente al folklorismo costumbrista y meramente descriptivo de aquella época, por lo que integró el Movimiento del Nuevo Cancionero surgido en Mendoza en 1962, al que adhirió plenamente con otras páginas memorables como: Pampamapa, Homenaje a la tierra, Triunfo de las salinas grandes, La cuatrereada, Cielo blanco, Los pueblos de gesto antiguo, Juanito Laguna remonta un barrilete, Antigua muchacha con música de Oscar Alem, que obtuvo el Primer Premio en Cosquín en 1976, uniendo la belleza literaria con el compromiso. Muchas de estas canciones (más de 400) figuran en su Cancionero de 1986, publicado por Torres Agüero Editor. Las compartió con músicos como Mario Arnedo Gallo, Alfredo Rosales, Norberto Ambrós, Iván Cosentino, Remo Pignoni, Oscar Alem, Horacio Salgán, Carlos Guastavino, Enrique Llopis, Emilio de la Peña, Eladia Blázquez, Eduardo Aragón, Ángel Ritro, Carlos Bergesio, Oscar Cardozo Ocampo, Moncho Miérez, Eduardo Andrade, Chacho Echenique, Tacún Lazarte, Jorge Rojas, César Isella, Julio Lacarra, Juan J. García Caffi, Litto Nebbia, entre muchos más. Su Zamba para no morir es conocida en Bolivia y otros lugares de América latina como la Zamba del Che porque era su preferida y con ella acompañaban a los combatientes muertos. También fue autor de obras unitarias y cantatas como la suite de canciones Edad del asombro, con Carlos Guastavino, que durante años integró el repertorio del Coro de Niños del Teatro Colón; Los juegos, con música de Norberto Ambrós, grabada por el Coro de Niños del Consejo de Educación de la Pcia. de Córdoba; La Pampa verde, con música de Oscar Alem, grabada por el Coro de Cámara de Olavarría, el Grupo Añoranzas e instrumentistas, declarada de interés provincial por el Senado de la Pcia. de Bs. As. (producida ByM Discográfica con la partipación de Julio Lacarra, Mónica Abraham y otros) y la cantata Jaime Francisco de Nevares con música de Reinaldo Labrín para orquesta, coro y solistas, estrenada en Neuquén, a un año de su fallecimiento. La cantata Che - Diario del regreso, con música de Oscar Cardozo Ocampo e interpretada por Jairo fue estrenada el 14 de junio de 2000 en Santa Clara (Cuba), en el Memorial que guarda los restos de Ernesto Guevara. El sueño de la zamba para no morir se hacía realidad. Fue un artista integral: poeta, cantor, músico, pintor. También actuó en radio, televisión y espectáculos de música y poesía. Como pintor obtuvo distinciones y la primera mención en el Salón Nacional de Artes Plásticas de Morón en 1953. También ilustró algunos de sus primeros libros. Se inició musicalmente a fines de la década del ’40 en la Compañía de Ariel Ramírez, más tarde integró la formación de Los Musiqueros, cuarteto vocal integrado junto a Mario Arnedo Gallo, Antonio Rodríguez Villar, Chango Farías Gómez. De esta formación perduró el dúo con Mario Arnedo Gallo, quienes formaron un trío con Raúl Cerrutti en 1955. También cantó como solista y luego integró Los Mandingas con Eduardo Andrade y Osvaldo Andino Álvarez. Llegó a grabar un larga duración como solista en la Editorial Discográfica Universidad del Litoral. Con los espectáculos integrales actuó por todo el país y en España, junto a Los Indianos, Cantoral, Héctor Tealdi, Hilmar Callejas, Luis Ordóñez, Moncho Miérez, Eduardo Aragón, Contracanto, Emilio de la Peña, Oscar Alem, Enrique Llopis, Luis Corniero, Delfor Sombra. Grabó discos de poemas y cuentos como El árbol de la vida, La palabra, Sinfonía de la llanura, Los poetas que cantan en Cosquín, entre otros.
Obtuvo distinciones: primer premio anual de Poesía de la Municipalidad de Morón. Faja de Honor de la SADE en 1961. Finalista en nueve oportunidades del Concurso de Canción del Festival de Cosquín. Diploma al Mérito como Autor de Folklore en 1985, Fundación Konex. Gran premio SADAIC 1995 en el rubro folklore y en 2000, distinción especial en reconocimiento a su trayectoria, de la misma entidad. También el premio de las Madres de Plaza de Mayo por su coherencia y compromiso. En 2001 recibió la plaqueta homenaje del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos y un masivo homenaje en la sede del Comité Central del Partido Comunista, adonde asistieron muchísimos amigos, artistas, compañeros y admiradores. Militante del Partido Comunista, tuvo una intensa vida política y comprometida con los DDHH y las luchas populares. En 1976 fue integrante de la Comisión Directiva de la SADE, y junto a Roberto Santoro (más tarde desaparecido por la dictadura militar), Elías Castelnuovo, Vicente Zito Lema, David Viñas –entre otros- lucharon por la aparición con vida de los escritores desaparecidos Haroldo Conti, Antonio Di Benedetto, Alberto Costas, Oscar Barros, y varios más. Una de sus últimas presentaciones fue en el Festival por la Consulta Popular realizado en el Luna Park en 2001. Participó en recitales y actuaciones en todo el país, en teatros, clubes, radios, televisión, plazas, centros culturales. También reconoce que tuvo el privilegio de contarse en el grupo que dialogaba cotidianamente con Miguel Ángel Asturias, de Guatemala que sería premio Nobel, el poeta peruano Alberto Hidalgo, Ramón Melgar, Mario Jorge de Lellis, Javier Villafañe con su magia titiritera, el talentoso Raúl González Tuñón, Chabuca Granda y la mano señera de Ismael Colombo, completando así su formación cultural integrada por lo literario y lo popular. Agradecía a la vida el diálogo y la amistad profunda de Armando Tejada Gómez, Carlos Alonso, Horacio Guarany, Roberto González, Elvio Romero, Homero y Virgilio Expósito, Eduardo Aragón, Manuel Oliveira, Juan José Manauta, José Murillo, Susana Esther Soba, Rodolfo Campodónico, y más, muchos más, músicos, guitarreros, pintores, manosantas, perdularios y otras yerbas.
Fue declarado visitante ilustre en las ciudades de Puerto Madryn, Río Cuarto, La Rioja, Córdoba. Esta provincia y la Universidad Tecnológica Nacional declararon su obra de interés cultural. En el exterior dio recitales en Uruguay, Perú, México, Cuba y España, adonde viajó tras la prohibición y las repetidas amenazas de la dictadura militar. No obstante decidió regresar al país, porque quería ser protagonista de la historia. Falleció en Buenos Aires a los 78 años el 21 de febrero de 2002, pero su obra no va a morir, como él mismo esperaba, como afirmando siempre Yo no me voy de la vida (título de la tonada que tiene música de Eduardo Aragón).
Dora Giannoni

Fuentes: Archivo familiar y de la antóloga; Cancionero, de Torres Agüero Editor; Antolobiografía, Ediciones Desde la Gente del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos; Diccionario Biográfico de la Música Argentina de Raíz Folklórica, de Emilio Portorrico, www.elmurocultural.com; www.discograficas.gov.ar y www.lafede.org.ar

Obras publicadas
Poesía necesaria: antología I. Patria Grande: Bs. As., 2008, 2011, 2015.
Poesía de la tierra: antología II. Patria Grande: Bs. As., 2008.
Del amor, los pájaros y la gente: antología III. Patria Grande: Bs. As., 2009.

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