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Juan Manuel Roca
 

Un minucioso registro de aquellos relegados al linaje infamante de los “nadie” -errantes, desterrados, excluidos- atraviesan la obra del poeta colombiano Juan Manuel Roca (Medellín, 1946. La poesía de Roca tiene que ver con la nocturnidad, el abismo de los espejos, un erotismo sin desbordes, los ciegos deletreando las cifras del enigma y la historia vista por fuera de los manuales oficiales. Narrador, crítico y periodista, su producción incluye los libros “Luna de ciegos”, “Señal de cuervos”, “País secreto”, “Tertulia de ausentes” y “Arenga del que sueña” y la antología “Testigo de sombras” –éste último editado en Buenos Aires por la editorial Patria Grande-, habiendo obtenido el Premio Nacional “Eduardo Cote Lemus”, el Nacional de la Universidad de Antioquia, el Nacional de Periodismo “Simón Bolivar”, el Premio de Poesía “José Lezama Lima” y el Premio a la Trayectoria “Ciudad de Zacatecas”, México.
-Una galería de marginados recorren las páginas de tus libros; ¿esos “nadies” son los excluidos, los impugnados socialmente?
-De alguna manera sí, es el vapuleado. Dentro de esa categoría entran muchos “nadies”, desde el Ulises de “La Odisea” a los N.N., los desaparecidos de mi país, los que llenan las fosas comunes. También el hombre corriente, el fantasma de carne y hueso con el que nos tropezamos en una esquina. Es nuestro “nadie” y nosotros su “nadie”.
-Alguna vez te referiste a la figura del poeta como un “pastor de abismos”, ¿podría explicar un poco ese concepto?
-El poeta es sobre todo un pastor de dudas; pastorea esos abismos, sus fantasmas, para traducirse a sí mismo. En la medida en que lo haga, quizá llegue a habitar en los demás. En ese camino aparece una serie de vacíos, de abismos, que son los que intenta llenar el lenguaje.
-Algunos críticos se refirieron a tu obra como una poesía de “atmósferas”, ¿tiene esto que ver con su gusto por la pintura?
-Creo que sí, hay poema, míos que son muy coloquiales, argumentales, pero hay también un encuentro con la pintura de atmósferas, no tanto con las cosas figurativas. La diferencia entre poesía y prosa está por el lado del ritmo y las atmósferas. Hay pintores del habla como Georg Trakl, que escribe pintando; sus poemas parecen cuadros, sobre todo por las atmósferas.
-La ironía impiadosa juega un papel primordial en toda obra…
-Pienso que la arenga, el puño cerrado, los ideologismos nos han hecho refractarios a ese lenguaje que se volvió un tanto cansado. Pero hay un cambio sustancial si a eso mismo se le adosa la ironía, el humor, cierta dosis de escepticismo.
-Aparte de los muchos libros de poesía publicaste cuentos y novelas, ¿como se armonizan en vos ambos géneros?
-Poeta y narrador no sobreviven como Jeckill y Hyde, de manera bifronte; creo que hay asuntos más propicios para el contar que para el cantar, y viceversa, aunque se mezclen en la prosa poética; como ocurre en la narrativa de Rulfo o Arguedas. Creo que cualquier arte que no comporte una poética, difícilmente pueda llamarse arte.
-¿Qué te llevó a armar uno de tus libros últimos, “Asedios a la palabra”, alrededor de obsesiones de los poetas y sus poéticas?
-Hace un par de años los editores del notable poeta venezolano Juan Calzadilla, me propusieron hacer un prólogo para un libro suyo de poéticas. Me gustaron las dos cosas, tanto su volumen como escribir un texto inicial, a tal punto que quedé “picado”. Quise entonces reunir mi manera de entender lo que pienso acerca de esa prótesis que para mí ha sido la poesía, una muleta que me ha ayudado a caminar por el mundo, tan problemático como febril (¡salud, querido Discépolo!). A esas reflexiones adosé diálogos con otros poetas e incorporé una serie de poemas míos que se informan a sí mismos de la escritura, algo de lo que se han ocupado desde Aristóteles hasta Paul Valery. Desde Pound hasta Henry Thoreau, el desobediente que afirmaba que la poesía es la salud del lenguaje.
-¿Considerás que tu antología “Testigo de sombras” resume tus núcleos temáticos?
-Yo diría que sí, que por ser precisamente una antología de cuño personal, incorpora todo o casi todo el equipaje de lo que hace buen tiempo me obsesiona.

Jorge Boccanera
Télam (2016)

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